lunes, 29 de agosto de 2016

Trilogía Anima Mundi, de Elia Barceló

Editorial: Destino

Argumento:

Diversas circunstancias hacen que Lena se entere de ciertos detalles sobre sí misma y su familia que cambiarán su futuro…  y el de la humanidad.

Comentario:

Si bien «Anima Mundi» está dividida en tres tomos («Hijos del clan rojo», «Hijos de Atlantis» e «Hijos de las estrellas»), quizá debido a su extensión (más de  1.500 páginas en total), su estructura hace que se la pueda considerar una sola novela y ser reseñada como tal.

Esta división tiene algunos inconvenientes, percibidos sobre todo en «Hijos de Atlantis», que consume un buen número de páginas haciendo que varios personajes recuerden lo sucedido en la entrega anterior a modo de reflexiones poco sutiles que lastran el avance de la historia, algo que apenas se percibe en la tercera obra, con la que se realiza una transición más fluida, que permite recuperar la sensación de que se trata de una sola obra.

Las abundantes subtramas y la capacidad de la autora de crear intriga hace que tanto «Hijos del clan rojo» como «Hijos de las estrellas» logren mantener, a diferencia de «Hijos de Atlantis», un alto nivel de interés por conocer lo que sucederá a continuación, si bien hay momentos que también pueden dificultar la lectura.


Aunque las mencionadas tramas contribuyen a dotar de diversidad la novela, entre búsquedas, misterios, romances, descubrimientos, luchas internas entre los distintos clanes (blanco, negro, rojo y azul)…, también pueden resultar pesadas debido a su extensión y a que varias de ellas (relacionadas con ciertas condiciones que creen necesarias para cumplir su misión) al final  resultan no tener importancia.

La gran cantidad de personajes, demasiados de ellos con su propio punto de vista, en ocasiones irrelevante, y el empeño en relatar tanto las diversas «vidas» o identidades de los karah a lo largo de los siglos, incidiendo en la genealogía de la «familia» de Lena, pueden crear confusión, además de alargar la historia sin necesidad.

Igualmente, los pasajes metaliterarios, en los que la autora se incluye a sí misma y a su familia, son más un guiño autocomplaciente que otra cosa, cuya eliminación no afectaría a la historia que se narra.


En resumen, si bien la novela se hace demasiado larga, con subtramas innecesarias, e irregularidades de ritmo, también consigue crear intriga e interés por saber lo que pasa, además de ser ambiciosa en el sentido de especular sobre temas como el concepto de superioridad, o la necesidad de tomar decisiones que afectan a toda la humanidad, y mezclar, con mayor o menor éxito, varios géneros literarios (juvenil, romántico, fantasía, ciencia ficción, misterio…).

***T**


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viernes, 19 de agosto de 2016

Instrumental, de James Rhodes

 Instrumental
Título original: Instrumental: A Memoir of Madness, Medication and Music
James Rhodes
Traducción de Ismael Attrache
Editorial Blackie Books
288 páginas


Argumento:

El concertista de piano James Rhodes nos cuenta, con desgarro, crudeza y sinceridad, su autobiografía, centrándose, sobre todo, en las violaciones que sufrió de niño y en su carrera musical.

Comentario:

La exitosa obra "Instrumental", lleva, al parecer, más de 50.000 ejemplares vendidos en España, lo cual es muchísimo, y más teniendo en cuenta que se trata de una obra de no ficción, en concreto, de una autobiografía.

En el aspecto literario, sin embargo, no es muy destacable. Hay una enorme desproporción entre la cantidad de páginas dedicadas a contar los efectos de los abusos sexuales sufridos por el autor (que ocupan la mayor parte del libro) y su faceta como intérprete de piano, hasta el punto de que, en algunos momentos, no parece exactamente una autobiografía, sino más bien un "testimonio" o confesión, escrito en un tono desenfadado, con el que el autor se desahoga como si fuera una terapia. Incluso, al final, roza el estilo de la autoayuda, al mostrar a un hombre exitoso gracias a la música y el descubrimiento de ciertas verdades de la vida. Hasta se permite dar consejos para lograr la felicidad.

Aunque en parte se sigue el orden lineal de narración de los acontecimientos biográficos, a menudo se aprecia cierto caos en la forma de contarlos. Cada capítulo, o tema, como lo llama el autor, se inicia con una breve anécdota relacionada con músicos o intérpretes, más o menos conocidos para los legos, que tuvieron influencia en la vida de Rhodes o con los que establece paralelismos, con una especial incidencia en el tema de la salud mental o existencias desordenadas de dichos personajes.

El autor dice negarse a contar detalles sobre las violaciones, lo cual me parece una decisión acertada, para evitar, como él mismo explica, satisfacer el morbo de la gente, pero resulta cuanto menos chocante que luego, en otros aspectos, no sea precisamente parco en palabras: intentos de suicidio, drogas, borracheras, promiscuidad sexual, delirios, autolesiones con cuchillas, las secuelas físicas y enfermedades derivadas de la violación, como los problemas intestinales y las operaciones de columna..., y demás hechos en los que se recrea y regodea.

A toda esta crudeza descriptiva se une un lenguaje agresivo y directo, que hace que este libro no sea apto para personas sensibles. El tono coloquial también está presente cuando habla de la música, a la que él reconoce como salvadora. Al final, en los capítulos dedicados a su oficio de pianista, arremete contra el "sistema" cultural británico y sus gurús, como si de un panfleto se tratara, muy poco sutil y con más visceralidad que análisis, envolviéndose en un aire de "enfant terrible", rompedor e iconoclasta.

El exceso de crisis psicológicas, tics, manías, medicaciones, entradas y salidas de centros psiquiátricos, egocentrismo, inmadurez, narcisismo, autocompasión  y demás, llega a agotar un poco. A mí, en concreto, llegó un punto en el que me saturó tanta caída en el pozo, salida y vuelta a caer. Al menos, el autor reconoce su victimismo y lo cuenta con una cierta dosis de ironía y humor que lo hace un poco más llevadero. Pero, de todas formas, un poco de contención y elipsis habría venido muy bien para evitar la sensación de historia repetitiva que no avanza.

También llama la atención que, después de casi un ochenta por ciento del libro dedicado a desgracias, locura, autodestrucción, enfermedad, dolor, etc., del que parece imposible que pueda salir indemne una persona, de pronto, casi como por ensalmo, el autor conoce a la gente adecuada y se hace famoso, lo llaman para hacer programas en la tele, le financian un disco, tiene éxito, se hace amigo de Stephen Fry (y de Benedict Cumberbatch, con quien estudió en el colegio)...  Y por si fuera poco, después del abandono de su mujer, tiene una revelación, se da cuenta de cuál es el camino correcto hacia la felicidad y todo adquiere un tono optimista, en un giro, a mi modo de ver, muy brusco.

Resulta curioso que en un libro que trata de la vida de un intérprete de piano se hable tan poco de su oficio. Es cierto que suelta notas curiosas, como la dificultad de ciertas piezas, la digitación, su comienzo tardío en el instrumento... Pero en el fondo, el espacio dedicado a este aspecto es muy pequeño, lo cual hace sospechar que, en realidad, el tema verdadero es el drama post violación y el renacimiento con ayuda de la música, es decir, que tiene un cierto aroma a autoayuda e historia "de interés humano", algo testimonial.

¿Era necesario este libro? Rotundamente, sí. Y no por sus valores literarios ni porque dé mejores o peores consejos y recetas para superar lo que parece insuperable, sino porque la gente tiene que saber que una violación no es solo el acto físico sino lo que viene después. Mucha gente ha oído hablar del estrés post traumático, pero pocos de las secuelas físicas. Cuando Rhodes fue violado era un niño. Le destrozaron el cuerpo. Como consecuencia, sufre de graves problemas intestinales y de lesiones de columna que han requerido de dos cirugías. Aunque este libro solo sirviera para que la gente tomara conciencia de la gravedad de este asunto y de cómo se puede destruir a una persona, ya sería de lo más útil. Lástima que las personas que cometen estas tropelías no lo leerán, y si lo hacen, les resultará indiferente.


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jueves, 4 de agosto de 2016

Luna. Luna Nueva, de Ian McDonald

Luna. Luna nueva
Luna. New Moon
Ian McDonald
Traducción: José Heisenberg
428 páginas
Ediciones B



Argumento:

La matriarca del clan Corta, Adriana, una ingeniera que emigró a la luna para tener un futuro mejor, va a cumplir ochenta años pero se está muriendo. Antes de que ocurra lo inevitable, quiere dejar bien atado el asunto de su sucesión y el control de las empresas Corta Hélio, encargadas de la explotación de Helio 3 en la luna. Soterradamente, se desata una lucha entre las grandes familias que controlan el poder ecónomico en el satélite con violentas y catastróficas consecuencias...


Comentario:

La nueva serie literaria CF de moda se inaugura con este título tan evocador, cuya acción, como se indica, transcurre íntegramente en nuestro satélite, ya colonizado con propósitos mercantiles, y donde son hegemónicas cinco grandes familias (los Cinco Dragones) que se reparten los negocios.

Ya desde el inicio se da uno cuenta de que lo mejor de esta novela, lo más novedoso, es el impresionante worldbuilding  o construcción del mundo imaginario, lleno de detalles que abarcan desde la descripción física de paisajes variados (la superficie cubierta por regolito, las sedes de las cinco familias, con especial dedicación a Boa Vista, la ciudad João de Deus y Crucible, los lugares industriales y nodos de transporte, las zonas residenciales más cercanas a la superficie y, por ende, más expuestas a la inclemente radiación, los túneles de lava, etc), hasta un amplio panorama de los sistemas sociales, la sexualidad (muy libre), el sistema judicial (centrado en el Tribunal de Clavio, los contratos para cualquier faceta de la vida, y con la extraña anomalía de los juicios por combate), las relaciones colonia metrópoli, las diferencias sociales, el sorprendente peso de la religión, la multiculturalidad, etc.

Es decir, el autor ha hecho un trabajo bastante elaborado de este nuevo mundo que funciona exactamente igual en su esencia que los nuevos mundos de nuestro planeta cuando fueron colonizados. Poco se puede objetar a una pintura tan extraordinariamente rica, que te sumerge en el lugar de manera muy efectiva y, salvo algún pequeño detalle, creíble.

Además, el autor se aleja de la típica narración del género, y opta por una prosa más personal, con algún ramalazo artístico, que, si bien en algún momento dificulta un poco la fluidez o crea cierta confusión, a la larga le da un toque casi épico y poético a la historia.

Para introducirnos en este mundo, de una gran complejidad al menos en apariencia, el autor usa el punto de vista de numerosos personajes, demasiados para mi gusto, centrándose, sobre todo, en los miembros de la familia Corta, cuya matriarca, Adriana Corta, incluye unas minimemorias (una confesión a otro personaje) donde nos relata cómo fue su tránsito desde Brasil hasta la luna y cómo consiguió hacerse con el poder y el dominio de la explotación del Helio 3, gas que sirve para la iluminación en la tierra.

Aparte, conocemos también las vidas de sus hijos Rafa, Lucas, Wagner, Carlinhos y Ariel, nacidos de vientres de alquiler (madrinas), cada uno con sus peculiaridades y sus respectivas familias. He notado cierta dejadez en la descripción de algunos de los personajes principales, como Rafa y Lucas, mientras que otros, como Ariel, resultan más interesantes y están mejor desarrollados, aunque yo diría que los personajes no son el punto fuerte de esta novela. Es cierto que el autor les dota de algún rasgo distintivo y de gustos, características y relaciones propias, pero da la impresión de que no profundiza en su mente o en sus emociones, sino que es todo todo descripción digamos externa.

Para mí, uno de los personajes más interesantes es la terráquea Marina, que nos sirve para apreciar las diferencias entre la tierra y la sociedad lunar, tanto socioeconómicas como físicas y fisiológicas. No soy muy entendida en estos temas pero se me hace algo extraño pensar que en solo dos o tres generaciones de nacidos en la luna ya hayan estos generado diferencias anatómicas apreciables como una mayor estatura y menor desarrollo muscular.

En este mundo tan mercantilista y estratificado, los ricos viven en lo más profundo, y los menos afortunados, los trabajadores y "tragapolvos", en la parte más cercana a la superficie donde están expuestos a radiaciones mortales. Y todo el mundo dispone de una especie de avatar que flota a su lado, como un interfaz informático que sirve para comunicarse con máquinas y otros avatares ("familiares"), además de controlar el chib, un indicador del saldo de los cuatro elementos básicos para sobrevivir en la luna: datos, aire, agua y carbono (no me quedó muy claro cómo hacen para quitarte el aire, ¿tienes un chip y te afecta a los pulmones?). Con este elemento uno puede imprimirse todo tipo de objetos y sustancias en las impresoras públicas (hasta trajes, medicinas, armas, etc). Cada faceta de la vida está regulado por contratos, sobre todo los matrimonios, que se celebran entre las grandes familias para generar alianzas cuasi dinásticas.

Dejando aparte el apartado de construcción del mundo, la novela no aporta gran cosa. Es algo lenta en su inicio, ya que el autor se recrea mostrándonos las familias, sus relaciones, la sociedad de la luna en general, y, cuando empiezan a pasar cosas,  la trama recuerda a un culebrón estilo Falcon Crest, con algunos toques de "Canción de Hielo y Fuego" o de historias de la mafia. Porque, en efecto, las grandes familias de la luna se comportan como dinastías regias o familias de la Camorra. Así pues, tenemos de todo: el nieto rebelde, el hermano ambicioso que rivaliza con el preferido de su  madre, el hijo "raro" que no es realmente hijo, esposas que lucha por la custodia de los niños, viejos y decrépitos enemigos, sexo, mucho sexo, a veces gratuito, luchas en los tribunales, "juicios por combate" a cuchillo limpio, intentos de asesinato mediante moscas mecánicas, sabotajes industriales, masacres... y la promesa de una venganza.

Como punto original, el autor se aleja de las ambientaciones con personajes y nacionalidades anglosajonas para mostrarnos una mezcla total de razas, idiomas y culturas, con especial predilección por el lenguaje portugués, propio de la familia protagonista, los Corta. Eso hace que a lo largo del libro aparezcan palabras y frases escritas en esta lengua en medio del texto en lengua original. Nunca me ha gustado esta forma de "ambientar" o de evocar sociedades extranjeras. Es como si describieras un inglés que hablara en inglés con otros de su país y les dijera: "Oh, my Lord!" y el resto de la frases traducidas. En algunos momentos, esto es muy exagerado y chocante, sobre todo para un lector hispanohablante (que te pongan la palabra "escolta" en cursiva, es decir, en portugués para referirse... a un escolta).

Pero no es el único idioma que forma parte de la compleja terminología selenita: también encontramos frases en coreano, en árabe, etc. Aunque con la repetición de los conceptos vas más o menos entendiendo qué significa cada término, el autor, por suerte, nos incluye un pequeño glosario al final.

La novela es curiosa y entretenida una vez superados los escollos iniciales, y obviados los elementos un tanto tópicos de estos relatos de lucha por el poder económico y político. Como es de esperar en una novela que forma parte de una serie, al final, tenemos una traca de fuegos artificiales y el consiguiente cliffhanger que anima a continuar para ver qué familias triunfan en esta lucha a muerte y qué personajes viven y mueren...

En resumen, una novela de Ciencia Ficción pero con espíritu de telenovela que, ¡sorpresa!, va a tener una versión televisiva. Recomendable para los fans de este género, sobre todo por su construcción del mundo imaginario, aunque, para mi gusto, falta un poco de profundidad en los personajes y hasta de emoción. A mí me ha resultado un poco frío todo, frío como la propia luna.

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miércoles, 13 de julio de 2016

El ruido del tiempo, de Julian Barnes

El ruido del Tiempo
The Noise of Time
Julian Barnes
Traductor: Jaime Zulaika
Anagrama
200 páginas


Resumen:

El compositor ruso Shostakóvich ve censurada por el régimen una de sus obras durante el mandato de Stalin en la Unión Soviética. A lo largo de los años, mantendrá unas tensas relaciones con el poder, que afectarán a su arte.


Comentario:

Esta breve novela podría calificarse como "biografía novelada" en cierto modo, ya que el personaje en el que se centra, Dmitri Shostakóvich, fue un músico ruso real, fallecido en 1975, al que yo conocía por un hecho muy concreto: la composición de una sinfonía dedicada al sitio de Leningrado, durante la II guerra mundial, la llamada Séptima Sinfonía.

Redactada con el elegante estilo de Julian Barnes, sencillo pero profundo, la obra trasciende la vida polémica y conflictiva del personaje (suponemos que con alta dosis de ficción), sometido al capricho de los gobernantes, para convertirse en una sutil pero a veces violenta diatriba contra los regímenes totalitarios, y mucho más, contra los simpatizantes de tales regímenes que no tienen que sufrirlos, por vivir en "libertad". 

La novela comienza con la anécdota de los ataques sufridos por el compositor por parte del diario oficial soviético Pravda hacia su ópera "Lady Macbeth de Mtsensk", una obra que al parecer no había gustado a Stalin, quien había abandonado el teatro durante su representación. Tales ataques solo son la antesala de la prohibición. 

Para las personas que hemos vivido en democracias se hace difícil entender la vivencia de la gente bajo regímenes totalitarios como el soviético, e incluso muchas de las situaciones que se muestran en el libro, nos resultan un poco ridículas (exámenes de ingreso en instituciones musicales donde hay que aprobar un apartado de teoría marxista). Shostakóvich es víctima del capricho del supremo gobernante (Stalin) y de las consignas del partido y de la ideología dominante, que califican de burguesas y caóticas sus obras, antirrusas, pesimistas, pese a ser considerado al tiempo, uno de los mejores compositores del siglo XX, y ser utilizado como propaganda por el poder, como muestra del éxito de su ideología, por lo cual recibía ciertas prebendas tales como un chófer y una dacha (casa de campo). 

Barnes nos dibuja con tino la persecución y presión psicológica, y a veces esquizofrénica a la que era sometido, con la asignación de un tutor, por ejemplo, así como diversos episodios donde se muestra el conflicto de Dmitri por no ser capaz de luchar contra esa atroz máquina de destruir personas y la limitación que imponián a su arte. En cierto modo, se nos muestra un hombre que vende su alma al diablo para sobrevivir y poder seguir creando, aunque no lo que le gustaría, y que, gracias a ese pacto vive mejor que los demás, en una situación privilegiada, sin quejarse y aceptando, finalmente, después de mucho resistirse (en la novela), la afiliación al propio Partido. Al parecer, es un tema polémico el de si el compositor era un disidente o un adepto del régimen, pero en la obra de Barnes se toma el punto de vista de un hombre crítico con el sistema pero cobarde y en cierto modo atormentado por ello.

Dada la naturaleza de la novela (que es casi no ficción) y su brevedad, a veces he tenido la impresión, durante su lectura, de que faltaba algo, o que se trataba de una obra menor. Lo más destacable, aparte de la prosa, es ese trasfondo crítico y la exposición de los diversos conflictos encarnados en el personaje concreto pero extrapolables a todo el género humano: arte contra poder (¿El arte al servicio de las masas, del pueblo, de la revolución?), individuo contra el estado, conformismo contra valor para rebelarse... 

La obra no excluye un cierto humor, muy sutil, que aún pone  más en evidencia lo ridículo de los totalitarismos, el carácter arbitrario de sus políticas y las justificaciones con las que intentan sustentar decisiones que no se sostienen desde un punto de vista lógico. Resulta gracioso que al final de su vida, ya en época de Jruschev, con una mayor apertura del régimen, los comunistas se den cuenta de que en efecto habían prohibido obras de su autor estrella, y se den prisa para recuperarlas. 

En resumen, una obra interesante, fácil de leer, pero al tiempo de bastante calado ideológico, que, no obstante, me da la impresión de que se queda corta y muy lejos de ser una obra redonda. El eterno conflicto entre la libertad individual en todas sus facetas y el poder que rapiña al individuo sus logros y su vida entera. ¿A quién pertenece el arte? 

Fragmentos de la obra:

"El arte es el susurro de la historia que se oye por encima del ruido del tiempo. El arte no existe por amor al arte: existe por el bien de la gente. Pero ¿qué gente, y quién la define? Él siempre pensó que su arte era antiaristocrático. ¿Escribía, como sus detractores sostenían, para una élite burguesa y cosmopolita? No. ¿Escribía, como sus detractores querían, para el minero de Donbass fatigado de su turno de trabajo y necesitado de un reposo tranquilizador? No. Escribía música para todos y para nadie. La escribía para quienes más apreciaban la música que escribía, sin tener en cuenta su extracción social. La escribía para los oídos que podían escucharla. Y sabía, por consiguiente, que todas las definiciones verdaderas del arte son circulares, y todas las definiciones falsas"


"¡Qué fácil era ser comunista cuando no vivías bajo el comunismo! Picasso se había pasado la vida pintando sus mierdas y aclamando al poder soviético. Pero Dios no quiera que cualquier pobre artistilla sometido a la férula soviética intente pintar como Picasso. Era libre de decir la verdad: ¿por qué no lo hizo en nombre de quienes no podían? En vez de eso, vivía como un hombre rico en París y en el sur de Francia pintando una y otra vez su repugnante paloma de la paz. Él aborrecía aquella puñetera paloma. Y aborrecía la esclavitud de las ideas tanto como la esclavitud física."


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miércoles, 6 de julio de 2016

El crimen de Orcival, de Émile Gaboriau

T.O.: Le crime d'Orcival (1868)
Editorial: DÉpoca, 2015
Traducción: Eva María González
Ilustraciones: Iván Cuervo y Jules Guerin
450 páginas
24,90 €

Argumento:

Tras el hallazgo de un cadáver en los terrenos del  Castillo de Valfeuillu, llega  un policía especial de la Sûreté de París, el inspector Lecoq, quién, con la colaboración de Plantat, juez de paz de Orcival, se hace cargo de la investigación del caso.

Comentario:

«El crimen de Orcival» se divide en tres partes bien diferenciadas: la primera relata lo ocurrido, se muestran las pruebas y se llega a ciertas conclusiones, la segunda, un flashback, cuenta lo que en realidad sucedió antes del crimen que da inicio a la historia, y en la tercera se resuelve el misterio.

El interés por seguir cada una de estas partes es irregular. Quienes hayan leído muchas novelas de misterio no encontrarán dificultad en deducir la identidad del personaje que ha cometido el asesinato, pese a los intentos del autor y los principales investigadores (el policía parisino Lecoq y el juez de paz Plantat) de distraer la atención, al comienzo, hacia otras posibilidades.

Es posible incluso que el relato de los diferentes recorridos por el castillo, mostrando y analizando las pruebas y las conclusiones similares a las que llegan ambos hombres, pueda resultar demasiado prolijo e incluso repetitivo en algunos pasajes, dedicados más a mostrar las personalidades de Lecoq y Plantat que a aportar datos relevantes para la resolución del asesinato.

Quizá sea la segunda parte, el largo flashback en el que se detalla la relación entre Berthe, Clément y Hector, la más interesante, aportando nuevos datos y matices a lo contado con anterioridad. El relato profundiza en la psicología de los tres personajes y en la batalla que se establece entre ellos en un tono caracterizado por la exacerbación de las emociones y una atmósfera opresiva que logra capturar la atención pese a conocer buena parte de lo sucedido.

En cuanto a los personajes, aunque el protagonista es Leqoc, quien, como se indica en la introducción, es habitual en la obra del autor y está basado en Eugène-François Vidocq, no es el mejor caracterizado, centrándose sobre todo en un afán de anonimato y una habilidad para disfrazarse que en la actualidad no son tan originales como quizá lo fueron cuando se publicó de la novela.

El juez de paz Plantat tiene muchos más matices emocionales y psicológicos, es menos convencional y despierta mayor interés, si bien son Berthe, Clément y Hector los más complejos e interesantes, destacando los cuatro sobre el resto, secundarios que se limitan a cumplir el papel asignado para el avance de la historia.

En resumen, «El crimen de Orcival» es una novela de desarrollo irregular, más previsible de lo que pretende, que puede hacerse lenta y aburrida en algunos pasajes y entretenida e interesante en otros, incluso precipitada, aunque no carente de interés.


***T***


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