viernes, 11 de noviembre de 2011

Fue un beso tonto, de Megan Maxwell


 
Editorial: Versátil, 2010
394 páginas
18,50 €

Argumento:

Las inspectoras Olga Ramos y Clara Viñuelas conocen a dos atractivos médicos de origen escocés, Alexandro O'Connors y Oscar Butler durante un operativo policial en la Sala Joy Eslava. Más tarde se vuelven a encontrar...

Comentario (con SPOILERS):

Una novela se puede leer fijándose en varios factores, entre ellos los que valoran la evolución de la historia: desarrollo, emoción, credibilidad, el mensaje si lo hubiere o los aspectos formales: erratas etc...

En cuanto a estos últimos, en «Fue un beso tonto» se percibe una falta de revisión del texto que puede obstaculizar la lectura, como el uso excesivo, e innecesario, de varias coletillas: «rápido», «rapidez» y «rápidamente», que la mayor parte de las veces no vienen a cuento, o la extraña estructura de muchas frases, desordenadas hasta el punto que en ocasiones hay que leerlas varias veces para entender lo que quieren decir.

Otra cosa que llama la atención es la utilización continuada de palabras y expresiones «vulgares», que aumentan en la última parte de la historia, cuando las policías entran en contacto con la familia O'Connors y se establecen varias peleas dialécticas entre los personajes, sobre todo a partir del capítulo 48), algo que quizá es cuestión de preferencias, aunque se conseguiría un efecto más creíble sin tanta sobrecarga, que muchas veces suena excesiva y exagerada.

También hay varias alusiones y «homenajes» a programas de TV como «Anatomía de Grey» (los apodos de doctor Pichón y doctor Agobio) o la española «Los hombres de Paco» (Olga y Clara bautizan a sus vibradores «Lucas Fernández» y «Montoya»), o referencias a la crónica social de hace algunos años (la amiga de Pepa, Maruja, elige quedarse con «Dinio» entre todos los cachorros de la perra «Dolores», en el capítulo 50, página 325, Clara dice «Aquí hay más tomate que en Telecinco»...) que podrían quedar obsoletas en poco tiempo.

La creación de personajes profundiza sobre todo en la pareja principal, Olga y Alex, siendo Clara y Oscar, por sus similitudes con ellos, copias un tanto insustanciales de sus personalidades. La policía se muestra como una mujer independiente, decidida y profesional, más partidaria de las relaciones ocasionales que de las serias, mientras que él médico es un hombre serio y responsable, preparado para casarse (por segunda vez) y tener hijos.

Entre los personajes secundarios, todos con un rol concreto, útil a la historia, resaltan la abuela Pepa, una septuagenaria que lo mismo sale con hombres que cuida a la nieta y la biznieta, y su vecina y amiga Maruja, quienes protagonizan escenas y diálogos divertidos, ingeniosos y tiernos, cuya caracterización va más allá de las coletillas que usan al hablar («hermosa» la primera y «oy oy oy» la segunda).

La historia, dividida en capítulos cortos de diversa extensión, se centra, como es lógico en el género, en la resolución de la trama romántica, con lo que los pasajes dedicados a los operativos en los que participan las dos amigas se reducen comprensiblemente a varias escenas de acción, aunque hay momentos (toda la parte relacionada con Eva y James y su torpe resolución en la que se echa de menos un micrófono oculto, testigos visuales o algo similar) que puede resultar decepcionante.

Es de resaltar la fluidez con la que avanza la historia. Si bien al principio, tras una breve toma de contacto, parece que los protagonistas masculinos quedan apartados mientras se centra el protagonismo en la vida familiar de Olga (la entrada en escena de la abuela marca el comienzo del tono de humor ingenioso), más tarde se ve la utilidad de estos capítulos, desde la relación de Olga con Pepa hasta lo de la prima Susi y la pequeña Luna, «Dolores» y sus cachorros, encuentros de las policías con otros personajes (la familia de Alex: Perla, Eva, Lidia, el abuelo Walter) o los compañeros de trabajo (Márquez: el ex de Olga, Patricia: la nueva, Juan etc...)

Hay varias cosas interesantes, por ejemplo el tono de credibilidad que tiene casi todo lo que ocurre a los protagonistas (con excepciones: Sabrina convertida en una villana de telenovela, el brusco cambio de Perla hacia Olga, la cantidad de emparejamientos del epílogo...), conflictos normales y comprensibles que dificultan su relación (ella quiere ser libre y mantener su trabajo, Luna, la madre y la ex de Alex, la diferencia de personalidades y clases sociales, varios equívocos).

También es apreciable cierta complejidad en la evolución y profundidad en las personalidades de los protagonistas, lo que, junto a una cuidada planificación que se percibe en pequeños detalles (la autora no se saca nada de la manga, todo ha sido justificado antes, aunque pudieran parecer escenas accesorias), enriquece la historia que se relata y la dota de interés, destacando detalles como la confianza de Alex en Olga cuando su familia cuestiona a la joven o el relato de las cosas, relacionadas con ella, que ha hecho él durante su separación ( ver «Posdata: te quiero» tres veces, visitar a los pingüinos del Faunia, hacerse un tatuaje como el de Robbie Williams y ver el vídeo en el que canta «Something Stupid» con Nicole Kidman etc...)

En resumen, una novela que, pese a sus errores formales, está bien planificada y estructurada, tiene una evolución creíble, sentido del humor y resulta una lectura entretenida.


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*** T ***



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