sábado, 10 de diciembre de 2011

Niyomismalosé, de Megan Maxwell


Niyomismalosé, de Megan Maxwell
Editorial: Imagineediciones
380 páginas
15 €

Argumento:

Tras separarse de su marido de veinte años, Nora conoce a un hombre más joven que ella con quien inicia una relación.

Comentario:

A veces es difícil saber si el orden en que se publican las novelas de un autor es el mismo en el que se han escrito. “Niyomismalosé” aparece como publicada en 2011, mientras obras como “Deseo concedido” o “Fue un beso tonto” se publicaron en 2010, siendo esta última la mejor “acabada” tanto a nivel formal como en cuanto a la trama.

Cuando se leen varias novelas seguidas de un mismo autor se acaba conociendo su estilo, sus recursos, las preferencias argumentales o los “vicios” en la redacción y estructura, que son comunes a varias de sus obras. Leyendo “Niyomismalosé” da la impresión de que no ha sido bien revisada, incluso menos que en otras ocasiones. Se observa además una tendencia a escribir frases desordenadas, con añadidos acotados entre comas que dan la impresión de ser ideas añadidas tal como llegan, sin prestar atención a que la redacción sea correcta.

Como si de una novela primeriza se tratara, el texto está repleto de gerundios, adverbios acabados en “-mente”, coletillas habituales en la autora (rápidamente… ) o erratas, entre las que una de las más destacables es que siempre (excepto cuando va tras un punto o inicia la frase) aparece la palabra dios con minúscula en lugar de Dios. En ocasiones estos errores se encuentran repetidos en una sola página o incluso en el mismo párrafo.

Otra característica, repetida a lo largo de toda la novela, es la proliferación de aclaraciones, explicaciones y reiteraciones que en su mayoría se deducen (o deberían) del contexto de la escena y de la frase anterior, lo que da una impresión de inseguridad y torpeza.

Un ejemplo, entre muchos, en la página 307:

-¿Y por qué no voy a aceptar vuestra relación?-preguntó mientras observaba lo bonita que era aquella mujer.
Nora, al escucharla, decidió ser sincera.
-Mi madre no lo acepa a él por nuestra diferencia de edad.
-Pero si eso es una tontería-sonrió la mujer al entender los miedos que reflejaban aquellos ojos-. ¿En serio tu madre no acepta a Ian por eso?

Sin embargo, los problemas más destacados son los estructurales. Si en “Fue un beso tonto” se percibía que había un esquema, una intencionalidad, que las escenas estaban ahí para algo, en esta ocasión la impresión es diferente, siendo un ejemplo la inclusión de una trama policiaca que si se quita no cambiaría nada la historia (él podría ser el monitor de gimnasio que finge ser como tapadera para la investigación y el romance avanzaría igual). De hecho las digresiones protagonizadas por Ian, Blanca y los otros policías, además de estar abarrotadas de datos confusos y situaciones poco creíbles, ralentizan el avance de la que, dado el género de que se trata, sería la trama principal: la relación entre Nora e Ian.

También como en otras novelas de la autora, se reparte el protagonismo entre dos parejas (no tan marcado en esta). Nora y Chiara son dos amigas-hermanas (ambas separadas de unos maridos adúlteros que además son hermanos) cuya relación es tan similar a la de Olga y Clara en “Fue un beso tonto” o la de Megan y Shelma en “Deseo concedido” que en ocasiones da la impresión de estar leyendo la misma historia, ya que incluso tienen una forma de hablar (excepto en “Deseo concedido”, quizá por ser de época), un tanto vulgar y chabacana que aumenta el parecido.

La narración se dispersa entre excesivas subtramas: a las de Nora y de Chiara se suman otras cuitas románticas, desde las de los progenitores de ambos protagonistas, hasta otros familiares o clientes del gimnasio, lo que, además de dispersar la atención y fuerza de las situaciones, recarga la historia con subtramas irrelevantes y personajes, muchos personajes, demasiados, algunos de ellos sin un rol que les haga imprescindibles o interesantes, en parte por la superficialidad con la que se les retrata.

Estos excesos destacan, además de en la mencionada trama policial, en las primeras ochenta páginas, donde se relata la primera boda de Nora con Giorgio, las muertes de su hermano Luca y de la excéntrica tía Emilia, el nacimiento del primer hijo, la relación de Ian con su familia etc… en escenas largas, llenas de diálogos convencionales, menos ingeniosos de lo que se pretende. Son escenas que retrasan el “verdadero” comienzo de la novela (Nora e Ian tardan casi cien páginas en conocerse) y no afectan de manera profunda a la historia de amor, al igual que digresiones posteriores como la visita a la ex suegra, Loredana, y todas las páginas que genera el descubrimiento de su enfermedad y posterior tratamiento, o la conversación entre Giorgio y su hijo Luca.

Los cambios de personalidad de Giorgio a lo largo de la historia: deja a Nora por una mujer más joven sin remordimientos, se arrepiente y quiere recuperarla a ella, a sus hijos y a la madre abandonada, le dan arrebatos de celos casi agresivos, se muestra discriminador con Dulce, la novia de Luca, se reconcilia con todos etc… da una sensación de arbitrariedad, de adaptar la forma de ser del personaje a las “necesidades” narrativas sin tener en cuenta la lógica o la coherencia de situaciones y personalidades.
Todo lo mencionado da una impresión final de abarrotamiento y desorden: se pasa de hablar de un tema a otro diferente en el mismo párrafo, se relatan con detalle hechos sin importancia y se pasa con rapidez por otros que en principio, por la insistencia al mencionarlos, parecían dignos de atención (el viaje de Nora a Sintra, ciudad que apenas se describe y en la que solo se asiste a otro encuentro sexual entre los protagonistas, algo que hubiera podido suceder en cualquier otro lugar).

En cuanto a la trama principal, se elude profundizar en una premisa de cierto atractivo, un romance en el que ella es mayor que él (11 años), separada, madre y a punto de comenzar una nueva vida a los cuarenta, centrando los problemas generados por la situación en la tibia e irracional oposición familiar, puesto que Nora encuentra con facilidad un trabajo como fotógrafa y trata sus inseguridades con sesiones de gimnasio y cremas embellecedoras, lo que junto a la insistencia en describir la belleza física de los protagonistas y la riqueza de su vida sexual, deja una impresión general de superficialidad y desaprovechamiento de las situaciones potenciales, no mostrándose en ningún momento la supuesta inteligencia y humor de Nora.

A todo esto se une la elección de una cubierta desafortunada, tan poco expresiva del contenido como el título, que hace referencia a la dirección de correo electrónico de un personaje cuya aparición es breve y relacionada solo con la trama policial, aunque la protagonista diga la frase en un momento, posterior de la historia.

En resumen, una novela necesitada de mucha revisión formal y estructural, desarrollada de forma superficial y convencional que puede resultar decepcionante o entretenida según las expectativas que se tengan y el nivel de exigencia lectora.


Nota de interés:

El jurado formado por los escritores Fernando Marías, Lourdes Ventura, Ignacio del Valle y Vanessa Montfort, el alcalde de Seseña, Manuel Fuentes Revuelta, Miriam Fernández, concejala de cultura, y Silvia Pérez Trejo, directora editorial de Imagine Ediciones, decidió otorgar el VI Premio Seseña de Novela Romántica, edición 2011, a la obra “Niyomismalosé” de Megan Maxwell.


*** T ***


Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

1 comentario:

  1. Bueno, me leí este libro hará un mes y medio... La verdad es que coíncido con todo lo dicho, es más, añadiría unas cosillas:
    Para mí, las últimas cuarenta o cincuenta páginas sobran (a partir del incidente del hospital). Realmente no viene a cuento que cuando ya está todo solucionado se añada algo que resulta de lo más incongruente, y que da la sensación de marear más la perdiz cuando no era necesario. La novela hubiera quedado mucho mejor sin esa parafernalia.
    Todo el operativo policial está muy tomado por lo pelos. No digo que sobre, pero realmente todo el asunto se debería enfocar de otra forma, sin tanta "americanada" suelta.
    Lo del gimnasio también es muy suigeneris... Yo voy a uno, y vale que no hago maquinas ni nada similar, pero no da la impresión de ser como la novela...
    También me hubiera gustado más incapie entre la relación de los hijos de Nora con Ian. Pasa muy de puntillas, teniendo en cuenta que Ian sólo es 10 años mayor que Luca.
    En resumen, una novela entretenida, pero muy mejorable.

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