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jueves, 21 de septiembre de 2017

Pecado, de Benjamin Black

T.O.: Snow, 2017
Editorial: RBA
Traducción: Miguel Temprano García
304 páginas
19 €

Argumento:

Cuando el sacerdote católico Tom Lawless aparece asesinado en la biblioteca de Ballyglass House envían al inspector Strafford para investigar lo sucedido.


Comentario:


«Pecado» empieza como tantas novelas de misterio; un asesinato, una casa llena de personajes sospechosos y un policía que llega a investigar lo sucedido. Se hacen referencias a la obra de Agatha Christie, a su Poirot, a los crímenes en mansiones (el cadáver es encontrado en la biblioteca), incluso se menciona al Lord Peter Wimsey de Dorothy L. Sayers, en lo que parece sugerir un intento de homenajear este tipo de historias, aunque pronto se descubre que no es así.

Ambientada en el mismo «universo» (la Irlanda de mediados del XX) que anteriores novelas del autor, protagonizadas por el forense Quirke, a quien se hace (innecesaria) referencia de pasada, «Pecado» abandona pronto las convenciones del género (conocer e interrogar a los personajes sospechosos) para centrarse en los paseos de St John (se pronuncia «Sinyún») Strafford (no Stafford: «Strafford con erre, por cierto») por la zona, la atracción que siente por la mayoría de las mujeres que conoce (la segunda señora Osborne, su hijastra Lettie, la camarera Peggy) y sus reflexiones sobre diversos temas (frío, crítica convencional a la Iglesia Católica, sus encubrimientos y ocultaciones).

Si bien el autor intenta crear cierto clima de misterio e intriga (Strafford se siente observado, desaparece su ayudante, el oficial Jenkins, se insinúa que la primera señora Osborne pudiera haber sido asesinada, tiene la impresión de que la familia interpreta una obra de teatro…), resulta fallido, debido a la falta de interés del protagonista por investigar. Incluso demora la búsqueda del desaparecido Jenkins, más preocupado por congelarse durante sus caminatas por la nieve (el título original de la obra es «Snow») o por charlar con los lugareños. Entre estos, Jeremiah Reck, dueño de la Gavilla y la Cebada, mezcla de bar, casa de huéspedes etc y el sasrgento Dan Radford quizá sean los más interesantes, aunque de distinta relevancia para la investigación.

Las digresiones son abundantes, las escenas de sexo (Lettie y Fonsey, Strafford y Peggy) ocupan mucho espacio y son irrelevantes, los personajes carecen de características que despierten empatía, simpatía o interés, en especial el anodino Strafford, cuyas principales características, ya mencionadas, serían aclarar cómo se escribe y pronuncia su nombre, sufrir porque es abstemio y se ve «obligado» a beber, ser protestante en un lugar de mayoría católica e interesarse por casi cada mujer que conoce.

A la sensación de que la narración avanza sin rumbo se suma la inclusión de un capítulo situado en 1947, diez años antes de la acción principal, una especie de confesión o testimonio protagonizado por el sacerdote (a modo de pegote, desconocido por los personajes), utilizado para revelar algo que se intuye desde el principio por cierto detalle en el cadáver, jugando a no dar nombres y sí un apodo, Ginger, que parece identificar a alguien.

Tras un final casi repentino, en el que Strafford decide sin pruebas ni explicaciones, quién ha hecho qué y por qué, una suerte de epílogo, situado en 1967, reúne al policía con uno de los personajes en una conversación con «sorpresa» en la que los reproches de este parecen contradecir su decisión, sabiendo lo sucedido, de no actuar en el momento.

En resumen, «Pecado» es una novela correctamente escrita, lastrada por las continuas digresiones, una investigación que no llega a ser tal, y una conclusión poco satisfactoria en la que el principal aliciente puede ser la confirmación de lo que se intuye casi desde el comienzo.


Nota: Esta novela ganó el XI Premio RBA de Novela Policiaca.


***T***

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jueves, 10 de agosto de 2017

Ángeles en llamas, de Tawni O’Dell

T.O.: Angels Burning, 2016
Editorial: Siruela, 2017
Colección: Nuevos Tiempos 380
Traducción:  Virginia Maza Castán
272 páginas
21.95 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

La comisaria Dove Carnahan intenta resolver el asesinato de Camio Truly al mismo tiempo que se enfrenta a los fantasmas de su propio pasado.

Comentario:

Ángeles en llamas es una de esas novelas con varios niveles de  lectura, compartiendo la investigación de un asesinato con el retrato de una comunidad minera en Pensilvania y las difíciles relaciones entre familiares.

La redacción en primera persona, protagonizada por Dove Carnahan, una policía de cincuenta años con un pasado dramático, contribuye a dotar la novela de cierta complejidad psicológica y emocional, permitiendo que la protagonista empatice con la víctima, Camio.

Según avanza la investigación del asesinato de la actualidad, Dove recuerda, de forma convenientemente vaga y evasiva, ambigua, lo que sucedió en su propia familia: el asesinato de su madre cuando ella era adolescente. Además, tiene que lidiar con la liberación de Lucky, el hombre que ha pasado décadas en la cárcel y asegura ser inocente (subtrama innecesaria más allá de la distracción e intentar crear expectativa), la complicidad con su hermana Neely, el fugaz regreso de su hermano Champ, la relación con el cabo Nolan Greely, policía encargado del caso etc…

La otra familia es la de Camio Truly, personajes disfuncionales entre los que destacan Miranda, Shawna y Jessyca, tres generaciones de mujeres que intentan sobrevivir a las circunstancias que les ha tocado vivir, y que comparten con Dove algunas de las escenas más intensas de la novela, ya sea en conversaciones o interrogatorios que mezclan la dureza de ciertas situaciones y comportamientos con la emotividad de otros pasajes.

La evolución de Dove al relacionarse con el resto de los personajes, mientras intenta resolver el caso actual y revela lo ocurrido en el pasado es, quizá, lo más interesante de una historia en la que lo ocurrido con su madre, Cissy, es tan previsible que se intuye casi desde el primer momento, y la resolución del asesinato de Camio resulta un tanto abrupta y repentina, no demasiado sorpresiva dado el escaso plantel de sospechosos.

En resumen, Ángeles en llamas es una novela bien escrita, con leves toques de humor, una protagonista poco convencional, que se fija más en las relaciones entre los personajes, en especial las familias disfuncionales, constante en la obra de la autora, que en la resolución del crimen. De lectura fácil, fluida, tiene leves altibajos sin dejar de interesar.


***T***

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martes, 25 de julio de 2017

Lo que habita dentro, de Malenka Ramos

Editorial: Ediciones B, 2017
550 páginas
19.50 €
Ebook: 7.99€

Argumento:

Un grupo de personas regresa al pueblo donde casi tres décadas atrás vivieron experiencias aterradoras que cambiaron sus vidas.

Comentario:

Quien haya leído It, de Stephen King, observará que las similitudes entre Lo que habita dentro y esta novela son abundantes (grupo de personajes que se enfrentan, en la infancia y de adultos, a un villano sobrenatural que habita en las profundidades bajo la ciudad y provoca miedos en sus víctima, malvado disfrazado: el payaso Pennywise y el conejo Bunny, ambos con frases repetitivas, ciclos de actuación etc…). Según avanza la historia se perciben parecidos con otras obras, series y/o películas del género, lo que da la sensación de que la autora no tiene algo nuevo que aportar.


El desarrollo resulta a veces errático, con repetición de sucesos (una vez en resumen, otra desarrollado), exceso escenas dramáticas protagonizadas tanto por los protagonistas como por algún personaje secundario (pueden llegar a ser excesivas, ya que a partir de cierto punto no aportan información, y sí dan la impresión de recrearse en el horror), entre los que sobran los pasajes entre Lisa y el doctor Del Río, mero recurso para informar de lo que sucedió en el pasado de forma demasiado obvia y explicativa.


Todo esto ocasiona altibajos de ritmo, con escenas demasiado largas que parecen ralentizar el avance y otras que mantienen el interés y las ganas de seguir leyendo y saber qué va a pasar a continuación (y qué sucedió en el pasado), en un equilibrio precario que mejora en la última parte.


La recreación de la época (1987), con alusiones a series etc, puede gustar a quien la haya vivido, ayudando a la identificación con  los cinco personajes protagonistas, cuyas personalidades sin bien no muy profundas, están lo bastante diferenciadas para distinguirlos y empatizar con ellos en ocasiones concretas.


Llama la atención la inclusión de nombres extranjeros entre los españoles, algo que se intenta justificar en ocasiones, aunque no logra evitar del todo que chirríe, quizá porque hay demasiados, cuando quizá cabría esperar, al transcurrir la acción en Galicia, que se utilizaran nombres de la zona que ayudaran a enfatizar la ambientación.

La redacción es correcta, incluso por encima de la media, excepto varias palabras que no significan lo que la autora cree. La estructura funciona la mayor parte de las veces (excepto en las mencionadas repeticiones de situaciones similares) y se consigue crear expectativa e interés al dosificar la información saltado de una época a otra. Además hay unas cuantas escenas bien desarrolladas, impactantes, tanto entre las de terror como entre las emotivas.


En resumen, Lo que habita dentro es de esas novelas que se podrían calificar de adictivas, que mantiene  casi todo el tiempo el interés por lo que ha pasado, va a pasar y cómo se va a explicar (no todo queda justificado), bien escrita y desarrollada,  con un final (esa carta) que la dota de cierta profundidad e invita a la reflexión además de dejar abierta la posibilidad de una continuación…


***T***

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lunes, 12 de junio de 2017

Escrito en el agua, de Paula Hawkins

T.O.: Into the Water, 2017
Editorial: Planeta
Traducción: Aleix Montoto
560 páginas
19.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Jules Abbott regresa al pueblo de su infancia tras el aparente suicidio de su hermana Nel, en el agua, como varias mujeres antes que ella.

Comentario:

«Escrito en el agua» está narrada desde el punto de vista de varios personajes, desde la protagonista, Jules, su sobrina Lena, un par de policías (la recién llegada Erin Morgan, y el del pueblo, Townsend), Louise, madre de una joven supuesta suicida y su profesor, Mark, la médium Nickie y algunos más, lo que se utiliza para mostrar lo que sabe (o cree) cada uno, sus traumas, miedos, sugerencias de secretos etc, lo que les convierte en sospechosos al tiempo que hace avanzar la historia.

Si bien la idea funciona durante parte de la novela, pronto se perciben curiosos cambios en los tiempos verbales, estilos muy similares que podrían ocasionar dudas acerca de quién «habla» si no fuera porque la autora anuncia quien lo hace al principio de cada capítulo. Destaca, sin embargo, el relato de Jules, dirigido siempre a su difunta hermana, en el que conviven el rencor por algo sucedido en el pasado, los recuerdos de adolescencia, las dudas, miedos, el amor hacia Nel.

Aunque se apunta la posibilidad de algo en cierto modo «sobrenatural» (el relato de la médium, con sus excéntricos comentarios, y la inclusión de otras mujeres fallecidas en el agua, en la misma Poza de las Ahogadas, a lo largo de los siglos), no es difícil deducir que el misterio se centra en las tres más recientes: Lauren, Katie y Nel, quien, además, estaba escribiendo un libro acerca de estos sucesos antes de ahogarse.

La resolución, si bien algo previsible, diversifica lo suficiente para que sea difícil deducir todo lo sucedido, quién ha hecho qué, y porqué. La narración de los distintos personajes, lo que cuentan o lo que ocultan, lo que se percibe que subyace tras sus pensamientos y reflexiones, permite especular mientras se avanza en una novela de interés desigual, en la que por momentos pesa la cantidad de personajes con voz propia y a ratos puede hacerse demasiado larga para lo que cuenta.

En resumen, «Escrito en el agua» es una novela correcta (necesitada de revisión formal), que permite empatizar con algunos de sus personajes (Jules, Lena…), de lectura sencilla y ágil, con un misterio resuelto con eficacia y pocas sorpresas. Tan entretenida mientras se lee como olvidable en cuanto se acaba la lectura.


***T***


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lunes, 29 de mayo de 2017

El color del silencio, de Elia Barceló

Editorial: Roca, 2017
480 paginas
19.90 €
Ebook: 8.99 €

Argumento:

Helena Guerrero investiga la historia de su familia para intentar averiguar quién asesinó a su hermana Alicia cincuenta años atrás.

Comentario (con algún SPOILER):

«El color del dinero» tiene algunas de las características de las sagas familiares, desde la ambientación en lugares «exóticos» (Rabat, Australia) y fechas significativas (la Guerra Civil española) o los misterios sin resolver (el asesinato de Alicia no es el único) hasta el protagonismo de varias mujeres (Blanca en los años treinta, Alicia en 1969 y Helena en la actualidad), cuyas vivencias se alternan según conviene a la autora para relatar los que pretende.

Si bien es de suponer que los hechos reales estarán bien documentados, la ambientación destaca en la descripción de la casa familiar, La Mora, en Rabat, símbolo de una época que la protagonista recuerda feliz y triste a la vez.

En cuanto a los personajes, la mayoría están al servicio de la trama, algunos incluso sin un rol concreto más allá de destacar la poco agradable personalidad de Helena, una protagonista con quien resulta difícil empatizar aun comprendiendo que su forma de ser (seca, distante, a veces insensible) es, de alguna manera, producto de lo sucedido en 1969.

La redacción, distante, y una cuestionable elección de escenas, poco representativas y, a veces, superficiales (largas cartas cuya redacción poco natural se nota destinada a informar a quien lee), tampoco contribuyen a identificarse con Blanca o Alicia, cuyas personalidades y reacciones recuerdan a las habituales en este tipo de novelas, sin algo especial que las haga destacar.

El misterio sobre lo sucedido a Alicia, parte central de la historia (al que se suman uno relacionado con Gregorio Herrero y otro con Alicia, este último muy evidente y previsible tanto en su desarrollo como resolución para quien tenga costumbre de leer entre líneas), es lo que mantiene el interés en la lectura, aunque en muchas ocasiones se notan demasiado los pasajes en los que la autora cambia de tema o acude a justificaciones poco convincentes para posponer la revelación de datos de distinta importancia e interés.

Que algunos personajes tengan información que resolvería varios de los misterios y no lo digan hasta que se ha realizado la mayor parte de la investigación y conocido casi todos los secretos (la carta de Blanca que Amparo entrega a Helena durante una boda o la  que le da Jean Paul a Carlos, especialmente absurda) puede resultar frustrante y producir una sensación de «engaño».

En resumen,  «El color del silencio» es una novela correctamente escrita, que puede hacerse demasiado larga, debido a la inclusión de datos irrelevantes y escenas y conversaciones poco representativas, que aportan poco o nada a la trama principal. Además, el interés por la resolución de los varios misterios familiares es desigual y errático, y algunas cosas se intuyen demasiado pronto.


***T***


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jueves, 30 de marzo de 2017

No soy un monstruo, de Carme Chaparro

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
336 páginas
19.90 €
9.99 €

Argumento:

Kike, un niño de cuatro años, desaparece de un centro comercial en el que estaba con su madre, lo que revive un hecho similar sucedido años atrás. La inspectora jefa Ana Arén y la periodista Inés Grau investigan el caso.

Comentario:

Cuando se lee una primera novela, como es «No soy un monstruo»,  cabe esperar que la inexperiencia propicie errores de todo tipo y de diferente importancia. En el presente caso varios de ellos son formales, como la repetición de información ya aportada (la descripción de la comisaría en la que trabaja Ana,  incluida una sala en la que interrogan a los sospechosos, que, además, pasa de ser la tres a la dos de una mención a la siguiente. O la descripción del programa NeuroQWERTY, importante en la resolución del misterio, cuyas características se reiteran en un par de ocasiones).

También puede resultar difícil decidir cuánta información «biográfica» de los personajes incluir (La vida de Laura no es relevante para la historia y en el retrato de Ana es pertinente lo que sucedió cuando ella estaba en la academia de policía y no lo es la historia familiar más lejana, incluyendo a su antepasada Paulina, homenaje de la autora a su tía fallecida, del mismo nombre) o en qué momento contar ciertos detalles (la primera escena en la comisaría es un batiburrillo confuso de datos, alguno de los cuales quizá sería oportuno posponer hasta el momento en que se necesiten, como la mencionada sala de interrogatorios).

Aunque hay varios puntos de vista, de mayor (Inés, Ana) a menor (Laura, Joan, Nori, Sam, Patricia, Jesús, RICHI) importancia, son la periodista y la policía quienes llevan el peso de la historia, una en una primera persona bien llevada, quizá, en parte, por su carácter mayoritariamente emocional, y la otra en una tercera más convencional, que se aprovechan para tratar temas que van más allá del misterio.

Entre estos destacan el morbo que pueden generar las desgracias ajenas (la nota final es buena muestra) o el mundo del periodismo y la literatura (Inés) al funcionamiento del entramado policial (Ana). Se incide además en la maternidad (con sus miedos y responsabilidades) y la pérdida (emotiva la declaración de Lucía que presencia Inés al comienzo de la novela), tramas que, si bien enriquecen la historia, y la dotan de profundidad, en ocasiones desvían la atención de la estrictamente policíaca.

«Los adictos la miraban embobados. Enganchados a esa historia como yonquis a la heroína. Cerraban los ojos por pudor, pero también para disfrutar más, concentrándose solo en el fluir de la droga por sus venas. Yo también, la verdad. Quizá por eso las reuniones de ese tipo tenían siempre tantos asistentes, porque las personas necesitábamos cada día nuestro chute de desgracias ajenas. Somos adictos al dolor de los demás. ¿Era yo también así? ¿Me hacía falta el dolor ajeno para sentirme bien? ¿O quizá para trabajar?»

Que Inés, pueda ser considerada, de alguna manera, como alter ego de la autora (ambas son periodistas, han escrito una novela, son madres…) suma interés a la parte metaliteraria de «No soy un monstruo», que incluye reflexiones sobre el mundillo literario:

«Como a toda persona medio famosa, hacía años que las editoriales me perseguían. Escribe, escribe, escribe. Te damos el argumento, me decían algunas. Te damos las ideas que quieras, me decían otras. Te ponemos a un escritor que te ayude, me propusieron también. Yo sabía —para qué nos vamos a engañar— que no me perseguían solo porque supiera contar muy bien las historias, sino porque querían aprovechar la fama que me daba la tele. Para vender más libros, claro. El mercado literario está así de jodido y si eres famoso, vendes más. Da igual lo que hayas escrito.»

 La autora ha declarado en varios medios que lo primero que escribió de la novela fue el final, basado, como el inicio, en noticias que ella misma había contado en el informativo, y se nota. La estructura de la historia es impecable, los giros en la investigación, la mayoría sorprendentes e inesperados, están justificados de forma creíble, los momentos en que se pospone una revelación no se alargan en exceso, y todo fluye hacia una conclusión narrada de forma progresiva, permitiendo aceptar poco a poco la realidad, que impulsa a releer ciertos pasajes para comprobar si se habían dado pistas de lo que iba a suceder. Y si, a veces son muy sutiles, pero ahí están.

En resumen, «No soy un monstruo»  cuenta una historia de misterio de las que «obligan» a seguir leyendo para conocer lo que pasa (sobre todo en el último tercio),  y la dota de profundidad con la inclusión de otras tramas, como la metaliteraria y la crítica social. Y además está bien escrita.

 «No soy un monstruo» es la obra ganadora del Premio Primavera de Novela 2017.


***T***

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lunes, 20 de marzo de 2017

A menos de cinco centímetros, de Marta Robles

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
344 páginas
19.90 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

Katia Kohen contrata al detective Roures para que pruebe que el famoso escritor Armando Artigas asesinó a su madre , con quien había tenido una aventura, y a otras tres mujeres más.

«A menos de cinco centímetros» es una novela detectivesca clásica, que incluye muchas de las características del género: su protagonista, Tony Roures, es un sexagenario ex corresponsal de guerra que investiga infidelidades hasta que llega un caso capaz de «redimirle» de un pasado que le hace sentir culpable. Solitario, fracasado, romántico, no tarda en sentirse atraído por Misia Rodríguez, víctima potencial, bella e interesante, a quien desea salvar.

Este reconocido alter ego de la autora (Roures, como Carvalho, al que ha declarado homenajear, se traducen como Robles) aporta además la crítica social que se asocia a este género mediante reflexiones sobre la guerra, la trata de personas, el Holocausto o la prostitución, muy presentes en  los capítulos narrados desde el punto de vista del detective.

Los otros protagonistas, Misia Rodríguez y Armando Artigas, además de sus roles de posibles víctima y asesino, protagonizan la trama «romántica» (pasión, sexo), y la mayoría de las escenas eróticas, algunas de ellas más significativas que otras, casi todas breves y sin caer en el mal gusto. Y también reflexionan sobre literatura, Armando como autor («Escribir una mala novela es muy difícil. Y escribir una buena es un milagro. La diferencia entre una y otra es la emoción. Y ni siquiera eso garantiza su éxito. Por eso solo hay que contar aquello que uno querría leer. Nada más. No existen fórmulas mágicas, salvo, tal vez, tener algo que decir y una mirada propia a la hora de decirlo») y Misia, esposa de un editor, como lectora («Ahogó sus penas entre esas palabras escritas que un día le enseñaron a llorar y a vivir en mundos paralelos»).

El resto de los personajes: Katia Kohen (contrata al detective), Isabel (periodista, parte del pasado traumático de un Roures en busca de redención) Alfonso Benítez y Miguel Atance (amigos de confianza de Artigas) o Carlos Rothman (marido de Misia) cumplen su cometido como secundarios necesarios para que avance una historia en la que los flashbacks que muestran la relación de Armando con varias de las mujeres supuestamente asesinadas no parecen aportar gran cosa a la novela.

Las continuas referencias a cómo visten los personajes (Misia y Armando), si bien se dirían utilizadas a modo de caracterización y contraste, un largo listado de títulos y características de libros, o los mencionados flashbacks, llega un momento en el que obstaculizan la fluidez de la narración más que enriquecer la historia. En cuanto a la resolución del misterio, la escasez de personajes con posibilidades de haber cometido los crímenes es tal que no resulta difícil, para quienes lean habitualmente este género, deducir su identidad incluso antes que Roures. El motivo, en cambio, es casi imposible adivinarlo, quizá por su carácter rebuscado, del que no se dan indicios.  

En resumen, «A menos de cinco centímetros» es una novela correctamente redactada que contiene los elementos habituales de las novelas de detectives clásicas, con varios altibajos de ritmo, algún cabo suelto (¿Qué ocurre con cierto libro tras publicarse?), un desenlace de interés creciente resuelto de manera convencional y un final agridulce acorde con el género al que pertenece.


***T***


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lunes, 13 de marzo de 2017

La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos

T.O.: Le Mystère Henri Pick, 2016
Editorial: Alfaguara, 2017
Traducción: María Teresa Gallego y Amaya García
290 páginas
18.90 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

Delphine Despero, editora de la editorial Grasset, y su pareja, el autor fracasado Frédéric Koskas visitan la biblioteca de Crozon, un pueblo de Bretaña, donde encuentran un manuscrito que deciden publicar,  alcanzando un éxito inesperado.

Comentario:

En «La biblioteca de los libros rechazados» se encuentran dos historias, una de misterio y otra metaliteraria, engarzadas entre sí, sustentándose mutuamente, cada una protagonista de la mitad de la obra.

Tras la publicación, y posterior éxito, de la novela, se inicia una pesquisa en la que esta, «Las últimas horas de una historia de amor», sería la «víctima», y su autor, supuestamente Henri Pick, un pizzero fallecido un par de años antes, el «criminal». Jean-Michel Rouche, un crítico literario en horas bajas, sería el detective que, creyendo en la «inocencia» de Pick, decide averiguar quién es el verdadero «culpable».

La investigación de Rouche, emprendida por su cuenta, desconfiado de la versión oficial, incluye entrevistarse con diversos «testigos», encontrar pruebas que cree concluyentes, e incluso pensar que ha resuelto el caso y verse impelido a tomar una decisión, más o menos moral, sobre qué hacer con lo que sabe. La resolución del caso, con un giro final hasta cierto punto inesperado (elige entre las dos posibilidades más creíbles), es la lógica y pertinente con la intención de la novela.

La aparición del «cadáver» («Las últimas horas de una historia de amor») se usa además para analizar la influencia que ejerce un hecho inesperado tanto en un público lector ansioso de saber más como en las personas cercanas al supuesto autor, siendo la viuda de Pick, Madeleine, una de las principales afectadas. La mujer pasa de la incredulidad a la duda y a la asunción de que su marido escribió una novela, basándose en una anécdota de juventud, cuando estuvieron temporalmente separados:

« Pocos minutos después se dijo incluso que era posible. Improbable, sí, pero posible. Y además, debía tener en cuenta otro elemento: a ella le agradaba aquella manifestación del pasado. Le apetecía creer en cualquier cosa que le permitiese volver a entrar en contacto con Henri, de la misma forma que otros se dedican al espiritismo. A lo mejor había dejado esa novela para ella. Para regresar por sorpresa. Para decirle que todavía estaba allí; esa novela era para cuchichearle al oído su presencia; era para que el pasado de ambos pudiera seguir vivo. Y entonces preguntó:
   —¿Puedo leer su libro?»

La parte metaliteraria de la novela incluye desde un recorrido superficial  por las costumbres literarias francesas, hasta menciones de programas dedicados a la literatura, o autores y libros famosos: Houellebecq («Sumisión es su mayor éxito. Más que el Goncourt. Pero es su peor libro. Se me cayó de las manos. La verdad, para cualquiera a quien le guste Houellebecq, es muy inferior a todo lo demás que ha escrito. Tiene un sentido excepcional de lo novelesco, pero aquí la verdad es que no hay argumento. Y las pocas páginas buenas sobre la sexualidad o la soledad son repeticiones de lo que ya había escrito, pero en peor.»), Marcel Proust, John Kennedy Toole y, en especial, Richard Brautigan, en cuya novela «The Abortion» está el origen de esa Biblioteca de libros rechazados que inaugura Jean-Pierre Gourvec en Grozon.


En general, durante buena parte de la narración, se mantiene el equilibrio entre las menciones literarias y la trama de misterio, si bien en la segunda mitad, cuando se centra en la investigación sobre quién escribió en realidad la obra, comienzan las digresiones, desde el relato pormenorizado de la vida de personajes secundarios hasta el exceso de romances, dejando algunas de las subtramas sin una conclusión satisfactoria.


En resumen, «La biblioteca de los libros rechazados» es una novela sobre el amor a la literatura, con algunos, breves, baches de ritmo e interés debidos a digresiones innecesarias y a la tendencia del autor a contar más que a mostrar, aderezada con un misterio cuya resolución mantiene la intriga hasta el último momento.


***T***


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jueves, 9 de marzo de 2017

Y si fuera cierto, de Antonia J. Corrales

Editorial: Amazon, 2017
Longitud de impresión: 155
2.99 €

Argumento:

Fabiola es contratada para escribir una biografía. Cuando llega al pueblo donde tiene que hacer su trabajo empiezan a suceder cosas extrañas.

Comentario:

Alguien que haya leído alguna de las novelas anteriores de la autora podría pensar, tras la lectura de los dos o tres primeros capítulos de «Y si fuera cierto», que, al menos en lo formal, tiene muchas similitudes con estas: narración en primera persona de protagonista femenina en crisis, frases entre lo melodramático, lo superficial  y lo incomprensible, repetitivas, con menos contenido del que aparentan, desorden narrativo (comienza con el viaje y vuelve a un acontecimiento anterior), ausencia de fecha o lugar en el que se desarrolla la historia, palabras usadas fuera de contexto, erratas, puntuación caótica en la que faltan tildes y comas, etc….

Por fortuna, poco después de la llegada de Fabiola a su destino, algunas de estas características empiezan a diluirse. La autora abandona durante la mayor parte de la novela el tono exagerado y las frases tan grandilocuentes como vacías para adoptar una narración sencilla y eficaz, en algunos momentos emotiva, sobre todo en el relato, bastante tópico y por tanto susceptible de despertar empatía, de la vida matrimonial de la protagonista y su ex marido, Ezequiel, o la breve escena que esta comparte con su madre enferma.

También se nota que, además de mejorar la comprensión y facilitar la lectura, la drástica disminución de este tipo de frases permite distinguir la historia bajo la superficie, y el trabajo realizado para dotarla de estructura y coherencia, y de una profundidad ausente en varias de las obras anteriores de la autora, más centradas en el relato de generalidades emocionales que en contar algo con sentido, como sí ocurre en «Y si fuera cierto», obra más «novelada», con escenas, diálogos y un mensaje claro, directo y positivo.

Como ejemplo de estructura destaca la relación entre lo que sucede en la primera parte de la novela y en la segunda (se explica incluso el ruido que hace el tren camino del pueblo), la sutileza con la que a media novela cambia un escenario por otro, o la muy eficaz revelación de los misterios, con un toque fantástico, que rodean el lugar y a sus habitantes, en un crescendo de intriga y curiosidad. Que haya quien pueda deducir lo que sucede en realidad (no es tan difícil) no resta interés a la lectura, ni tampoco la relativa previsibilidad de lo que ocurre tras la revelación, si bien la autora consigue dar un par de sorpresas sin perder la credibilidad (dentro de lo fantástico) de la historia.

La elección de la primera persona (habitual en la obra de la autora) cobra significado y sentido en la historia de Fabiola, en la subjetividad de lo que experimenta. Aunque la definición del personaje no es muy profunda, si está lo bastante caracterizada para mostrar a una mujer en crisis: separada de su marido, con un amante, la madre enferma y una novela que lleva años escribiendo sin ser capaz de terminarla. La estancia en el pueblo, lo que allí vive y las consecuencias, que cambian su vida, son una suerte de viaje iniciático (de nueve meses, como un embarazo) que ordena sus prioridades y le hace tomar decisiones que cambian su vida. El resto de los personajes (Santos, Jacinta, Margaret, Ezequiel, Torcuato…) y sus actos están al servicio de la trama.

En el aspecto fantástico, destaca la recreación del pueblo y sus circunstancias: la sabiduría de Jacinta, los colores, el simbolismo de la hoja de arce roja (en novelas anteriores fue un paraguas rojo o una jirafa albina), a modo de contacto con la realidad, recordatorio de la vida de Fabiola antes de llegar al pueblo, objeto «mágico» que actúa como nexo de unión entre un lugar y otro.

En resumen, pese a las evidentes similitudes entre «Y si fuera cierto» y otras de sus novelas (mujeres heridas, «fantasía», símbolos, cambios, amistad femenina, viajes iniciáticos, relaciones románticas difíciles...), se percibe en esta una evolución (sería mayor con una revisión formal más profunda para «limpiar» la prosa), que la convierte en la que mejor consigue transmitir las inquietudes de su autora.


***T***


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lunes, 6 de marzo de 2017

El silencio de las Tierras Altas, de Steinar Bragi

El silencio de las Tierras Altas
Hálendið
Steinar Bragi
Traductor: Enrique Bernárdez Sanchís
Ediciones Destino
368 páginas


Argumento:

Dos parejas recorren las Tierras Altas de Islandia. El mundo mágico y desolado de la región sacará a la luz sus fantasmas ocultos.

Comentario:

No sé muy bien en qué género encuadrar la novela que nos ocupa. Podría ser fantástico o terror o incluso un thriller con elementos psicológicos y sobrenaturales, en los que tienen mucho peso los mitos propios de la nación islandesa, con sus duendes y demás. Lo que sí tengo seguro es que no me ha gustado nada. 

Para ser tan corta, me ha aburrido. Y no sé muy bien por qué. Supongo que detectar la falta de dirección de la historia ayudó bastante a mi tedio.

Tenemos dos parejas de islandeses acomodados pero que han sufrido (todo lo que puede sufrir un islandés) con la crisis económica e inmobiliaria, lanzados a la aventura de recorrer en todoterreno las tierras altas de Islandia, un lugar desolado, según la descripción que hace el autor, casi un desierto, donde no parece haber ni cobertura para los teléfonos... Los protas tienen un accidente y empiezan a ocurrir cosas extrañas. Se refugian en una cabaña con unos viejos que también dan mala espina. Hay apariciones y desapariciones, huesos y cosas cada vez más raras. 

En todo esto, el autor nos intercala flashbacks con las muy aburridas vidas de los protagonistas, los cuales para mí son casi indistinguibles unos de otros. La forma tan sosa de contarlas no logró hacérmelas interesantes al menos. 

Algunos capítulos parecen crítica social (leve); otros, terror de la más rancia escuela, con toques de absurdo y surrealismo estilo "Lost" (qué daño hizo esta serie), para terminar con un final ambiguo pero cuyas posibles explicaciones son todas estúpidas y te hacen desear no haber leído el libro. 

La prosa tampoco es nada del otro mundo, más bien lo contrario. Quizás lo mejor sea la ambientación, el aire sobrenatural y mágico que confiere al paisaje donde se desarrolla la acción, pero en líneas generales deja un poso de vacío al final, porque no sabes muy bien qué se nos quiere transmitir con esa novela. ¿Hay algún tipo de simbolismo? ¿Va de la crisis y bancarrota que sufrió Islandia? ¿Los duendes son reales o alucinaciones? 

El final es de esos que tanto odian los lectores, así que no digo más... El que quiera arriesgarse a perder valiosas horas de vida está en su derecho, pero no digan que no están advertidos.


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jueves, 2 de marzo de 2017

Un lugar a donde ir, de María Oruña

Un lugar a donde ir
María Oruña
520 páginas
Editorial Destino

Argumento:

La teniente Valentina Redondo se enfrenta a un extraño caso: aparece muerta una joven vestida con ropas medievales en un lugar llamado Mota de Trespalacios, y en posesión de una moneda antigua. Poco después, ya son dos los cadáveres con moneda. Paralelamente, su novio Oliver realiza gestiones para encontrar a su hermano desaparecido. 

Comentario:

La segunda novela de las aventuras de la teniente Valentina Redondo en tierras cántabras me ha parecido más floja que la primera. A todas luces, la extensión desmesurada de la novela, de más de quinientas páginas, es un hándicap para una narrativa fluida. La trama, mucho  más sencilla de lo que parece, se alarga al intercalar en la narración de la investigación policial  flashbacks con la vida de la víctima y las reflexiones un tanto delirantes del asesino, siguiendo por otra parte, el manido modelo de los misterios "nórdicos". Para rematar, se incluye una subtrama protagonizada por el novio de la detective, Oliver, un auténtico hombre-florero, que añade páginas y solo sirve para justificar su existencia y para liar más el caso principal de un modo forzado.

Los diálogos son también extensos y repetitivos. Habría sido  necesaria una buena poda para ajustar la prosa, ya que a menudo repite informaciones ya dichas, tanto en la parte narrada como en los parlamentos de los personajes. En cuanto a estos, apenas están perfilados. En lugar de mostrarnos cómo son, la autora nos cuenta un montón de datos de ellos, pero desvinculados de lo que vemos o de la trama en sí. Así tenemos una gran cantidad de páginas dedicadas a describir la vida de la forense o de alguno de los policías, claramente sobrantes, ya que esos datos no son relevantes para la historia ni estos personajes tienen una actuación más allá de la que les otorga su rol arquetípico de informadores o ayudantes de la protagonista. El premio a la situación más rara del libro se la llevan dos ingleses hablando entre sí en español, "para practicar el idioma", viviendo ambos en España... y mostrando unos parlamentos perfectos llenos de frases complejas.

Como ya es de rigor en toda novela policíaca, los cadáveres aparecen con unas parafernalias rocambolescas. En este caso, la primera víctima ha sido vestida como una princesa medieval, y lleva una moneda antigua. Si ya de por sí resulta extravagante tal disposición, más chocantes son las explicaciones finales, tan cogidas por los pelos que no resultan nada creíbles. Más parece que todo eso forma parte de la obligación ineludible en el género de que las muertes tengan la presentación más espectacular y rara posible. Si esto ya resulta chirriante de por sí, más lo es el que algunos de los personajes consideren que pueda haber elementos mágicos o anómalos, tales como un viaje en el tiempo. Bien es verdad que la anomalía queda pronto descartada, pero resulta molesto que se baraje tal hipótesis, cuando el lector es consciente de que la obra transcurre en un ambiente realista.

 Otra cosa que no me gusta, será porque este género no es de mis favoritos, es el abuso de explicaciones, por ejemplo, forenses, que los expertos dan a otros que se supone deberían conocer del tema, al menos un poco. Estos momentos wikipedia solo valen para que veamos lo mucho que se ha documentado la autora, pero a mí no me interesan. Prefiero que me digan directamente que la policía ha determinado la fecha y hora de la muerte en x y en y y no me cuenten todo el proceso para determinar eso. Pero imagino que habrá gente a quién sí le interesen esos procedimientos. Y que forma parte del género.

El afán por evitar que el lector descubra al asesino, único aliciente de este tipo de novelas, hace que la trama se retuerza y se usen recursos un poco engañosos. A pesar de ello, y casi sin pistas, uno puede hacer sus deducciones, fijándose un poco en la estructura de la novela...

En resumen, una novela policíaca muy canónica y convencional, que gustará a los fans de este género, pero que a mí me ha quedado muy corta como novela en general, al no lograr empatizar ni con los personajes ni con las situaciones. Eso sí, buen reclamo turístico para Cantabria, con abundantes postales.

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lunes, 6 de febrero de 2017

La escritora, de Carmen Conde

Editorial: Ediciones B, 2017
368 páginas
18 €

Argumento:

Una escritora aparece asesinada, devorada por ratas, y solo es la primera víctima.

Comentario:

Desde los primeros capítulos (un prólogo situado en 1976 y un presente en 2011) se nota que la autora sabe escribir, con una prosa sumamente visual, intensa y bien medida, con la que no duda en describir escenas de gran crudeza no aptas para personas sensibles a lo gore (bebés, ratas, cadáveres) y presentar a personajes poco convencionales, como lo es Lucrecia Vázquez, una joven de 27 años, no muy atractiva, negra literaria, que sufre el síndrome de Gilles de Tourette. («Ahora se llevan las novelas policíacas con protagonistas femeninas raras —le había dicho su editor—.)

Si bien al principio parece que se trata de la protagonista, pronto se ve que su papel es el de principal sospechosa e interés romántico del policía, Gerard Castillo, desde cuyo punto de vista, subjetivo, se cuenta casi todo lo que pasa. Esto permite conocer lo que sabe, sospecha o intuye, influido por sus propios prejuicios, deseos o temores, aunque la inclusión del prólogo propicia que, al menos en buena parte de la novela, se vaya por delante de él en cuanto al posible motivo de los crímenes etc…

Como fondo de la trama policial está la literaria, en la que la autora, por medio de Lucrecia y los otros personajes relacionados con la literatura (la difunta Dana Green, el autor de libros de autoayuda Alejandro Paz, el editor Ramón Aparicio), hace una crítica tan certera como implacable, y poco sutil, de varios géneros y los métodos utilizados para publicitarlos, incluido el de la propia novela.

En lo formal, destaca una redacción cuidada en la que apenas se pueden «reprochar» detalles como la repetición de información en una o dos ocasiones, la breve incursión de Lucrecia en el pov de Gerard o algunas digresiones, en especial durante el viaje a Galicia, minucias que no desmerecen los aciertos, desde la adecuada progresión del misterio y las revelaciones, la elección de punto de vista, o el tono melodramático (lo que ocurre en el pasado y sus consecuencias), que no tiene duda en utilizar algunos de los tópicos que critica.

En resumen, «La escritora» es una novela bien redactada, visual, con personajes complejos, alguno poco convencional (Lucrecia), crítica a varios géneros literarios, humor e ingenio, desarrollo en el que las revelaciones, dudas y posibilidades incrementan el interés y la intriga, exceso de escenas gore (demasiadas ratas), cierta previsibilidad al final (lo que relata el prólogo y la escasez de personajes acotan bastante las posibilidades) y un último tercio de los que «enganchan».


Citas literarias:

«Lucrecia se había fogueado creando decenas de novelas eróticas de argumentos clónicos y demenciales que desembocaban implacablemente en multitud de coitos entre la pareja protagonista, que incluían sexo oral, anal y vaginal en varias posturas distintas, una de ellas digna de contorsionistas experimentados, más una escena estelar con participación de mucha más gente, animales, hortalizas y objetos de diversa índole.»

«Cuando Ramón Aparicio le explicó qué tenían pensado, ella casi se desmayó de la alegría. Por fin podía liberarse de los tríos, del sexo anal, de las lluvias doradas, de la zoofilia y de todas esas cosas de las que todo el mundo habla con naturalidad, pero que casi nadie practica. Por fin podría pasar por delante de un quiosco sin ver aquellas portadas infames y el nombre de Shayla Deveraux en letras doradas, y no temer que alguien, algún día, llegase a descubrir que Shayla Deveraux era ella.»
«—¿Qué quieres? Es el mundo que nos da de comer. Así que si Alejandro consigue concluir su novela, la publicaremos con un seudónimo bien raro, que suene a escandinavo. Un seudónimo impronunciable y repleto de ø, æ, ä, y ö. Luego, en la contracubierta nos inventaremos varias reseñas extraídas de tres o cuatro prestigiosos y conocidísimos diarios, como por ejemplo The Bananas Republic, The Sri Lanka Independent o The Sebastopol Publishers. Diremos que el autor es un tejedor de intrigas sensacional, que es la nueva voz de la novela negra, o que es un narrador superlativo. Y por si no fuese suficiente, adornaremos el libro con una faja verde chillón que diga que ha vendido un millón de ejemplares en Bután y que ha sido traducido a ochenta y siete idiomas, incluyendo el kikuyu y el arameo clásico... Antes de que nadie se dé cuenta de que es un pedazo truño, ya habremos vendido los cinco mil ejemplares de la primera edición, lo suficiente para recuperar gastos y para que a Alejandro se le caiga la cara de vergüenza cuando comiencen a lloverle las críticas en los blogs literarios, que las habrá. Tú puedes comprar a un par de periodistas y conseguir que te hagan una buena reseña en su diario, pero no a cinco mil lectores. Y los lectores no son idiotas, por mucho que a nosotros nos gustaría que lo fueran.»

«—Entiéndalo, sargento. Yo no le tenía ningún afecto, pero me siento obligado a defenderla. Piense que entre las presentaciones, las entrevistas y los congresos, Dana Green tenía un programa más apretado que Lady Gaga, y cumplía a rajatabla con él. En ese sentido era toda una profesional.—Yo pensé que los escritores se dedicaban a escribir.—Eso era antes, cuando no existía el ordenador. Ahora cualquier imbécil se baja cuatro informaciones de Google y teclea trescientas páginas que vende a peso y que compiten en las estanterías de los supermercados al lado de Muérdeme, vampiro y de Fóllame, vizconde. Por poner un ejemplo.—Veo que no es muy optimista.Ramón Aparicio se encogió de hombros.—No sé si me creerá, pero el mundo editorial cada día se parece más a la televisión. Antes se decía que eran mundos antagónicos, que la televisión era un medio de masas, de consumo pasivo y superficial y que la literatura era de consumo activo y con aspiración a trascendencia. Bla, bla, bla. Hoy en día, si la televisión está sometida al share, nosotros también lo estamos a la maldita lista Nielsen, así que tampoco podemos ofrecer calidad si queremos salir en la lista de los libros más vendidos. ¡Mírelo usted mismo! Salvo gloriosas excepciones, el pastel se lo reparten entre cuatro, y los cuatro hablan de lo mismo. Cuando iba de thrillers religiosos, todos se dedicaron a sacarle novias e hijos secretos a Jesucristo, o a los apóstoles, o a construir catedrales entre violación y violación, que mire que es morboso el personal. Ahora parece que triunfan los psicópatas, y se trata de inventar crímenes espeluznantes, cuanto más espeluznantes mejor. Que si desollado con un cortaúñas suizo, que si asfixiado con sus propias cuerdas vocales... ¡Qué asco! Es lamentable, pero hay que seguir estas estúpidas modas si se pretende sobrevivir. Y eso sin contar con que el pirateo en internet nos va a quitar el pan de la boca a más de uno...»


 
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lunes, 30 de enero de 2017

El club de los mejores, de Arthur Gunn

Editorial: Ediciones B, 2016
408 páginas
19 €

Argumento:

Tras el reencuentro con un amigo de la infancia, Walter  Millar se ve envuelto en una investigación que le lleva de vuelta a su niñez y a su pueblo.

Comentario:

«El club de los mejores» pretende ser un thriller lleno de acción, misterio, giros imprevisibles y sorprendentes que se queda en el intento.

Desde el principio, con ese flashback en cursiva, situado en la niñez del protagonista y sus amigos, se intuye que el pasado tendrá una parte importante en la historia, será el origen y motivo de todo lo que ocurre en la actualidad (utilizar este recurso, repetido en  varias ocasiones a lo largo de la obra, con mayor o menor relevancia, sería absurdo si no tuviera un motivo y finalidad).

Toda la primera parte, desde la llegada de Cormac hasta su desaparición, está  llena de tópicos vistos y leídos en innumerables ocasiones por cualquiera que le guste el género, alargada de forma artificiosa por escenas de acción, digresiones y el creciente convencimiento de Millar de que las cosas no son lo que parecen, algo que se deduce desde el comienzo.

Esta colección de tópicos, por la que se puede adivinar casi todo lo que pasará mucho antes de que suceda (hay pequeños detalles imposibles de adivinar, alguno propiciado por escenas un tanto «engañosas»), está presente durante toda la novela, aderezada además con giros argumentales que se ven venir de lejos, cliffhangers utilizados de forma casi melodramática para anunciar situaciones que, en varias ocasiones, son anticlimáticas, absurdas y no merecedoras de tal «entusiasmo» («me llevó hasta algo que me dejó sin aliento», «lo que vi dentro me cortó la respiración»).

La narración en primera persona de un protagonista, Walter Millar, que puede resultar poco atractivo debido a las características con las que se le ha dotado (egoísta, egocéntrico, carente de empatía, al menos con Martha, su esposa, cuyos deseos y necesidades le son indiferentes), logra que el resto de los personajes queden desdibujados, meros comparsas al servicio de la trama (la de misterio, no la personal, que apenas tiene cabida en la obra), ya sea como amigos, enemigos, sospechosos o interés romántico.

La historia, que transcurre en Estados Unidos, cuenta con una ambientación que recuerda a otras novelas y películas del género, sin algo que destaque o llame la atención. Crosby es el clásico pueblo en el que nada parece cambiar con el paso del tiempo, ni las calles, ni el bar, el hotel o las personas que se dejaron atrás, a quienes se presenta, de alguna manera, como fracasadas.

Lamentablemente, la parte más «profunda» de la historia (las consecuencias de los actos, la culpa, el remordimiento, la amistad fraguada en la infancia, el retorno al hogar del que se huyó etc) queda muy desdibujada, otro recurso utilizado al servicio de la acción y el misterio, lo que da como resultado una novela llena de tópicos, previsible, tan entretenida y «adictiva» como fácil de olvidar cuando se acaba la lectura.  


***T***



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